Máster Sidra: la importancia del rictus.

Contaba en el anterior post que creo haber encontrado ese ejercicio que me ayude a meterme en el papel de asturiano: convertirme en el escanciador oficial y oficioso de cualquier festejo acompañado de sidra al que asista, cosa que como ya expliqué, ocurre y ocurrirá con desmedida e inusitada frecuencia.

Para poner en marcha mi reto decidí empezar buscando ayuda profesional. Porque una cosa es echar sidra al tun tun y otra cosa es hacerlo como lo hacen los auténticos chigreros, los primeros espadas del escanciado, los reyes de la sidra, los magos de la burbuja y el carbónico.

Para ello les pedí referencias a mis dos cómplices. Quería que me presentaran a algún escanciador adalid de la asturianía y efectivamente me ayudaron… a su manera.

Superada la desconcertante primera impresión, lo cierto es que ambos maestros no decepcionaron mis espectativas:

– Muy fácil: pones la botella arriba, el vasu abajo, y echas la sidra que caiga dentro.

¡Ole tu gracia! A veces el laconismo socarrón de los “asturianos” anula la legendaria capacidad que tenemos los gaditanos de enredar las palabras y hacer de todo chirigota. Ésta fue una de ellas. Pero insistiendo paciente y caballerosamente logré que me dieran algunas pautas para alcanzar el escanciado puro y auténtico.

aprendiendo-escanciar

Os resumo las menos evidentes y desconocidas para mí:

  • Para que la sidra restalle y se produzca la ruptura que la convierte en una burbujeante explosión de aromas, la sidra ha de golpear contra el borde del vaso, quiero con ello decir que no basta con elevar la botella y servir como los venanciadores de vino de Jerez cuando hacen una cata (se toma vino fino en Asturias?),  sino que hay que ladear el vaso hasta casi la perpendicular con respecto al chorro.
  • Al contrario de lo que se podría intuir, no se trata de acertar con la sidra en el vaso, ¡sino de acertar con el vaso en la sidra! Esto puede sonar desconcertante a priori, pero una vez enredado en el arte del tirado, uno descubre que es muchísimo más fácil y lógico buscar la sidra con el vaso que hacerlo a la inversa, ya que mover la botella provoca unas oscilaciones en el chorro que lo hacen indomable. Esto implica que hay que iniciar el proceso con decisión y sangre fría, lanzando el chorro a su suerte y sin contemplaciones, sin mirar siquiera hacia la botella. Y una vez que el chorro vuela en caída libre, llevar el vaso a dónde ésta aterriza. Esto último ha de hacerse de oído, porque el buen escanciador, el recto, el señorial, jamás mira al vaso. Ni al vaso, ni a nada ni a nadie.
  • Por último, y aunque esto no me explicaron mis maestros, es indispensable mantener un rictus inexpresivo y casi malhumorado: cara de perro. Nada de afable sonrisa y gesto amable. Al contrario, quien recibe el vaso tiene que percibir desdén, desinterés, desprecio, casi casi odio; intuir que lo mismo que le estás poniendo sidra podrías estar clavándole un picahielos en el intercostal y luego haciendo palanca. Esto puede ser lo que más tenga que ensayar para compensar la natural simpatía con que hemos sido dotados los oriundos de Cádiz.

También me han recomendado que haga prácticas en la ducha de mi casa con una botella llena de agua, pero lo descarto por ridículo e innecesario. Hasta ahí podríamos llegar.

* Muchas gracias a Salam y a Nicolai, que pese a sus orígenes son auténticos escanciadores de primera. Y a las sidrerías Ataulfo y Cabranes por permitirme tomar y grabar las lecciones en sus locales.
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13 thoughts on “Máster Sidra: la importancia del rictus.

  1. Entotá: que tas puesto ciegu de sidra, con la pamplina de tirarla.

  2. 1.Todo el mundo sabe que SIEMPRE se aprende a escanciar con agua .

  3. 3. Seaprende a escanciar mirando el vaso y a media altura ( con el codo doblado y la botella ala altura de los ojos.

  4. Salam y Nikolai… mira! Dos ya asturianizadísimos!

    Y Alejandro, a ti no te va mal del todo. Ya dices chorro y no shorro, pisha!

  5. … pero te va a costar el hígado, shavá.

    • no deja de ser otro reto, pero… bastante tengo con mantener el pulso así, con cara de estreñido, para además tener que hacerlo hinchando el pecho y con las lágrimas saltás, y con el incondicional balanceo que todo el mundo conoce (por esos momentos etílicos que en todo el orbe evoca a esa canción) cuando se interpreta tan señero tema.

  6. Y estos días pega cantarlo, lamentablemente.

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