A la mar fui por castañas.

Con la llegada de noviembre se celebran por todo el mundo diferentes fiestas de similar y tenebrosa temática. La más conocida es Halloween, que algunos repudian por su asociación con la cultura consumista americana y la tachan de fiesta importada, cuando en realidad puede que sea al revés, ya que fueron los americanos los que la importaron (como casi todo en su jovencísima cultura) de otro tipo de ritos que se daban en toda Europa.

El origen del Halloween hay que buscarlo en los pueblos celtas y en sus noches de brujas y de difuntos, que coincide también, y no es casualidad, con la celebración o festividad (no sé si es muy adecuado llamarlo así) cristiana del 1 de noviembre.

Y lo que es más sorprendente, indagando sobre el tema he descubierto que la caracterización de calabazas y los sustos varios se ha venido dando en Asturias, desde tiempos inmemoriales, tal y como expone el erudito Xandru Fernández en este post.

“Lo de las calabazas acalaveradas ha sido un viaje de ida y vuelta: un ornamento de la víspera de Todos los Santos muy normal y muy corriente en las aldeas asturianas hasta hace medio siglo más o menos. Desaparecieron durante unas décadas y volvieron gracias a la televisión. También los disfraces y el pedir a la puerta de las casas: costumbre aldeana que había que extinguir y extinguimos, hasta que América nos enseñó a ser aldeanos con glamour y perdimos los complejos.”

Pero al grano que me voy del tema. A todo esto en Asturias se une la peculiaridad de que es el momento de recogida de las manzanas con las que se hace la sidra.

Al igual que en la recogida de la oliva en Andalucía, para facilitar la tarea se ponen unas redes o mallas en el suelo, motivo por el cual a este proceso aquí se conoce como mallado, o mallar, según me explicaron mis sabios compañeros y ayudantes. Y se celebra bebiendo la sidra y tomando castañas, en lo que lo que unos llaman magüestu y otros amagüestu. Yo procuro decirlo rápido para que no se note la diferencia y no polemizar con unos ni con otros.

El otro día me invitaron a un a/magüestu pero me pusieron deberes. Me responsabilizaron de llevar las viandas, con la vaga e inconsistente excusa de que todo se aprende mejor experimentando. Y de que si me quiero asturianizar tenía que sufrir en mis carnes la punzante textura de los oricios.

– Aquí debo hacer un inciso para aclarar que en Asturias se denominan oricios a los erizos de mar. Y que quizá por su similar aspecto, también reciben el mismo nombre las cápsulas de pinchos que recubren las castañas. –

Este comentario, unido a mi natural desconocimiento de la fiesta del a/magüestu, a mi lejana relación con las castañas y con algunos usos particulares del léxico astur, provocó la confusión que habéis podido ver en el vídeo y que tanto recochineo está suscitando a mi alrededor .

Tras mucho discutir sobre el tema no me queda más remedio que descartar la mala fe y asumir que quizá (sólo quizá) fui yo el que se hizo un lío y no lo entendió bien. Quienes me invitaron argumentan que no tenía sentido enviarme a por oricios en vez de a por castañas.

Pero sin ánimo de eludir mi responsabilidad yo me pregunto, ¿acaso no es tentar a la confusión ponerles el mismo nombre a dos cosas tan sumamente parecidas? El buen sentido invita a lo opuesto. Precisamente por parecerse tanto necesitan denominaciones bien diferenciadas. Lo contrario es como tener gemelos y llamarles igual. Ese es al menos mi parecer.

Luego me enteré de que también se los conoce como agarrapieyos, uso con el cual se hubiera evitado la bochornosa escena en la Pescadería Cholo (a quienes agradezco su permiso para grabar y su eterna paciencia).

Aunque de todos es sabido que la mezcla de oricios y sidra no es mala en absoluto, no se puede considerar estrictamente un a/magüestu. En el a/magüestu se bebe sidra dulce (muy buena para la diarrea, interprétese esto como se quiera) y castañas asadas, preferiblemente en el tambor desmontado de una lavadora.

Toda una experiencia que espero repetir y documentar en sucesivos post.

Hasta entonces me despido con un consejo para mis lectores foriatos (no asturianos): los a/magüestos siempre con castañas.

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10 thoughts on “A la mar fui por castañas.

  1. De antología.

    Por otra parte, y no por pelotearlo a Usted, da gusto su redacción. Cómo se nota que es Usted un tipo leído.

  2. Epa! Primero decir que me encanta tu blog y me parece interesante ver como veis desde fuera nuestra cultura.
    Ahora la crítica constructiva: Evidentemente no lo se todo pero nunca escuché el termino “mallar” para recoger frutos, si para pescar con malla.
    La forma más típica de recoger, “pañar”, castañas es con “forgaces” o “mornaces”, que son una especie de pinzas largas de madera. Luego las castañas se arrojan en el “xoxu” o “teyera”, que es donde se pudre la “carapiella” (nunca escuché “agarrapieya” pero es evidente que son de la misma familia) para facilitar el “esburullu”, de “esburullar”, que es la acción de pelarlas.
    No me queda muy claro a que te refieres con “mallar”, si es a recoger manzanas o castañas, pero decir que en el mundo de la sidra “mayar” es machacar la sidra con el “mayu” y si se usa “mallar” para recogerlas es de uso moderno, y no muy extendido. Usar ambos terminos causaría errores ya que un buen asturfalante diferencia sin problema la “Y” y la “LL”, pero con la castellanización estamos perdiendo esta característica y la gente “normal” no ve diferencia entre ambos.
    Sigo leyendo, y gracies pol to interés na nuesa cultura.

    • Efectivamente todo parece indicar que lo que yo escuché fue el término “mayar”, referido al pisado de la sidra, tal y como me han explicado. No doy una.

      Muchas gracias por el apoyo y tus comentarios. Sois grandes gentes, mucho más simpáticas de lo que se podría desprender del mito del rudo carácter del norte.

  3. Agarrapieyu, foriatu, magüestu… al ritmo que vas, quillo, de aquí a navidades vas a manejar mejor el asturiano que el asturiano medio. De mano, no creas que son tantos los que habrán hecho castañes en el tambor de una lavadora. Enhorabuena.

    Por cierto, yo lo de mallar no lo había oído nunca. Pañar sí, como dice Xosé Inaciu. Y seguramente serás un experto en declaraciones de impuestos, de ahí el desliz de “gravar” por “grabar”, jiji. 😉

    • Mayar y grabar. La segunda la corrijo. La primera la mantengo porque entiendo que es una fase de mi aprendizaje que debe mostrarse como tal.

      Saludos y es un placer tenerle de nuevo por aquí.

  4. Coñe, a mí se me ha pasado lo de “gravar”. Y yo alabando su sintaxis y su ortografía… ¡Cámbielo, que me voy a acabar haciendo un Edipo!

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